viernes, 29 de junio de 2012

Comida para reptiles 3.0

Día 132. Lunes.
Ayer salí a fumarme un cigarro y vi de nuevo a los chinos recibiendo a la familia. Cada vez que bajan de ese auto me recuerdan al viejo chiste de los payasos que salen uno tras otro del pequeño automóvil. Ellos también son un chiste en sí mismos, tratando y pudiendo a duras penas saludarme con ese español rústico y mal sonante. No sé como el  tendero del frente los soporta siendo su principal competencia. Es verdad que apenas llegan pero con el tiempo seguro les despertará la manía de intentar dominar el mundo. Conozco a esta gente que sonríe todo el tiempo y saluda a diestra y siniestra. Se sienten bien, sienten que agradarán a todos. Sé que lo lograrán pero no conmigo, no.

Día 134. Miércoles.
Pepe, el tendero, me cuenta que un amigo suyo dejó de lado el negocio, una tienda igual a la de él, para poner un local de masajes exóticos o chinos, o algo así. Me dió la dirección. Cómo si pensara ir. Él sabe bien que apenas y salgo de casa, sólo necesito cigarrillos. Cosa rara: los chinos están vendiendo todo, de todo, para todos, menos los cigarrillos que me gusta. Esos sólo los tiene Pepe.

Día 135. Jueves.
Hoy llegaron los familiares de los chinos otra vez, pero es raro pues sólo acostumbran venir cada dos semanas. Le pregunté a Mariuxi, la novia de Pepe, si sabía qué pasaba pero claro, esta gente que hace cosas, que sale a trabajar y conversa, no tiene tiempo para presenciar cómo se le mueve el mundo alrededor y cómo les destrozan el suelo con sólo un trato. Yo sí me doy cuenta de todo. El trato del que hablo es ese que hicieron los chinos con el dueño de la casa de al lado de su tienda. Más que trato es una venta. Los chinitos compraron esa casa y ya me imagino el paso siguiente: unir ambas casas y hacer una tienda enorme. Lo cagaron a Pepe.

Día 138. Domingo.
Le comenté otra vez a Mariuxi el plan que tienen los chinos, cómo quieren apoderarse de toda la calle, monopolizar el negocio de ventas. Ella me mira siempre raro, no sabe que tengo razón. Compré un par de cervezas y regresé a sentarme frente a la ventana. De aquí los veo a los dos, a Mariuxi y a Pepe que acaba de llegar. Están tan contentos.

Día 140. Martes.
Llegaron los padres del tendero. Estaban de viaje por Argentina. Escuché sus gritos apenas me había despertado. El viejo es un tonto, siempre se negó a vender cerveza y cigarrillos, muy cristiano, creo. Cuando le dejó la tienda a Pepe las cosas cambiaron para bien, el tipo tiene estrategia, será por eso que no se preocupa por los chinos. Por cierto, ellos ya contrataron un ingeniero para que les haga los planos y remodelaciones. Me equivoqué muy poco. No compraron las dos casas para unirlas, obviamente sería complicado. Pero vivirán en una y la otra será una tienda gigante, un supermarket.

Día 156. Jueves.
El chino más viejo me mira de reojo cuando me paro en la ventana. Le grité si quería algo de mi pero no sé si sabe mi idioma. La tienda la lleva su hija, que es más delgada que todas las personas en el barrio. Está casada con un calvo. Se ve que tienen dinero, pero tienen problemas. El ingeniero que habían contratato se fue a los dos días con un buen dinero que ellos le habían anticipado. Ahora contrataron otro pero el material de construcción se les desaparece todo el tiempo. Les va a salir caro el chiste de remodelar.
Todo esto me lo cuenta Mariuxi cuando voy por más cervezas. Igual, parece que me tuviera miedo pero obviamente necesita alguien con quién hablar pues los suegros le ocupan todo el tiempo al hijo con idas al hospital y otras cosas. Los viejos se volverán a ir pronto, esta vez a Madrid, luego Barcelona y luego a Francia. Sí, tienen dinero ellos también, seguro por eso no temen a la competencia.

Día 160. Lunes.
Me acosté con Mariuxi. Cosa mía no fue y ella dice que es culpa de Pepe por dejarla tan sola. Descubrió que él no acompaña a los padres a ningún lado sino que va donde el amigo que tiene el local de masajes. "Son masajes con happy ending" me dijo, y yo no pude evitar reir por su manera de pronunciar. Observé las fotos en el cuarto de Pepe: posando con armas, con tipos de pinta rara, caras de ladrones y bares de bajo mundo acompañado de amigos. Me las juego todas a que el dinero que tiene viene de las apuestas y anda metido en líos de ladrones.

Día 165. Sábado.
Son apenas las 5 de la madrugada y no he dormido nada. La noche fue intensa desde la ventana. Pocas veces se ven cosas raras en esta parte acomodada de la ciudad. Mientras fumaba, a eso de las 11, los chinos cerraban la tienda y Pepe se bajaba de un auto negro. Es el mismo auto negro que se para en la esquina desde hace tres días. Parece que vigilan a alguien. No es a mí, lo sé porque me he pasado en frente de ellos con la excusa de fumar en el parque de la otra cuadra y no me toman en cuenta. Los vigilé, practicamente los reté con la mirada, no hicieron nada.
Anoche, Pepe les hizo señas, sé que algo les dijo sobre los chinos que ya habían entrado.
Después de un par de horas llegaron tipos de mala pinta y comenzaron a romper las ventanas de la casa de los chinos. Escaparon en un auto rojo sin matrículas. Los chinos llamaron a la policía y ellos entrevistaron a los vecinos. Yo no dije nada, porque seguro estos cerdos son amigos de los ladrones, me pondrían en peligro.

Día 175. Martes.
Anoche, en la cama con Mariuxi, le conté lo que ví hace unos días. Ella sonrió de una manera extraña y me dijo que no sea tan curioso, que podría pasarme algo. Le dije que, a pesar de la panza, un militar retirado sabe defenderse. No le conté que no me retiré sino que me retiraron, por loco, dijeron. Idiotas.

Día 176. Miércoles.
Pepe sabe que Mariuxi lo traiciona, no sabe que es conmigo. Ella me lo contó por teléfono. Va a salir de la ciudad. Este tipo debe ser una mierda como para infundir ese tipo de miedo.
Noticia extraña en el telediario del medio día: El gerente de una tienda de artículos alimenticios importados publicitó su suicidio mediante un cartel en su tienda. Después de unos días usó un cúter en sus venas. Para hacerlo más increíble: tres chinos hubieran hecho lo mismo pero los vecinos no los dejaron. A nadie se le ocurrió detener también al primero?

Día 177. Jueves.
Han robado la tienda de los chinos, fueron los mismos tipos del auto rojo del otro día, lo sé, los vi. La policía volvió a preguntarme todo, parece que sospechan de mí. Bueno, un hombre sólo en un departamento, que solo sale a fumar y beber pero que parece de dinero, debe ser algo raro. Los entiendo cuando se ponen paranoicos. Já! quien mejor que yo como para entenderlos.
Algo más pasó hoy: Pepe me preguntó por Mariuxi, no parece preocupado, se nota la rabia cuando pronuncia su nombre. De mi nada sospecha.

Día 186. Sábado.
Pepe hablaba por teléfono hoy, mirando hacia la tienda de los chinos que a pesar del robo seguían vendiendo. Pusieron un letrero: Se vende comida para reptil. No sé cómo diablos, o a quién carajos se le ocurriría tal producto pero suena lógico, el parque de la otra cuadra tiene iguanas a montón. El producto es un éxito de ventas entre niños y grandes.
La mirada de Pepe irradia cabreo.

Día 187. Domingo.
Con la familia de los chinos dentro de la casa, de noche, a eso de las 10, otra vez los mismos tipos del auto rojo. No robaron, sino que golpearon a todos los hombres de la familia. La policía está desesperada y ya declararon que sospechan que esto es por venganza. No sé si sigo siendo un sospechoso pero les mostré mi identificación de Sargento segundo y dejaron de preguntar. Si hubieran visto el rifle que tengo en el armario no se hubieran ido tan tranquilos.

Día 195. Viernes.
Pepe es un mafioso, presta dinero a intereses elevadisimos y tiene matones para las cobranzas. La tienda es sólo una pantalla. Ya decía yo que un cuarentón no vive por una tiendita.
Los chinos le habían hecho un prestamo gigante para comprar la otra casa pensando que el negocio cubriría todos los gastos en unos cuantos años pero no contaban con que aquel contratista se les llevaría un montón de dinero, más del que yo había pensado. Todo esto me lo dijo Mariuxi, sigo en contacto con ella. Se mudó a Bariloche robándole dinero a Pepe.
La vida por fin está dandome las historias emocionantes que merezco.

Día 200. Miércoles.
Los chinos denunciaron al único tendero que conozco que vende los cigarrillos que me gustan. Es necesario decir que estos son los días en que más me he metido humo a los pulmones? La policía invadió la casa de Pepe para arrestarlo. Él no estaba, le habían avisado ya, seguro algún cerdo policía.
Los pacos solo agarraron evidencia. Los chinos están muy asustados, se les nota.

Día 201. Jueves.
Con los binoculares veo a los chinos preparando maletas y veo la casa de Pepe vacía. Me quedan sólo dos cigarrillos. Gran mierda!
El auto negro del que una vez se bajó Pepe está rondando estas calles, vigilan a los chinos.

Día 202. Viernes.
Me desperté a las 9, cosa extraña en mi, pero debe ser que los desvelos me están pasando factura. La sorpresa no tan sorprendente: los chinos están muertos. Los encontraron amarrados por parejas en la tienda. Les cortaron la gargante con (adivinen) un cúter negro marca Pelikan, hecho en Taiwan, un artículo de su propia tienda. La policía vino a preguntarme si vi algo pues un vecino les dijo que yo paso las noches despierto mirando por la ventana. Mis ojeras son la mejor prueba de eso. Pero no, esta vez, lamentablemente, no vi nada, señores.

Día 203. Sábado.
Pepe está con Mariuxi, se perdonaron y están felices tomando un paseo por Barcelona acompañados por los padres de él. Nadie planea regresar, eso me dijo. Bueno, los entiendo.
Conseguí mis cigarrillos, los venden en una tienda que queda a media hora si voy a pie. Es una mierda caminar tanto.
Toda la ciudad ya se olvidó de los chinos muertos. Regresaron los días de calma.
Día 205. Lunes.
Creo que voy a ponerme una tienda, pues no hay competencia y sobre todo para tener cerca mis cigarrillos.
Guayaquil huele a lluvia.Chorros de agua son lanzados desde el cielo
cuál carnaval de astronómicas proporciones.
Se combina el sonido de la lluvia con el de mis parlantes,
la música complementa a las gotas y las gotas derrumban el espacio conocido.
Qué disgusto no estar afuera y qué disgusto no estar donde podría!
Qué desganas inundan mi vida, perdida en multiples auto decepciones,
constantes traiciones a mi mismo, yo y mi persona.
Qué lindo que Guayaquil huela a lluvia!
Porque se mojan todas las putitas que no supieron sonreír al pobre diablo.
Porque putean con rabia todos los pendejos que no tienen paraguas.
Qué pena no estar donde podría estar!
Me traicionó el cuerpo, se me apagó la llama con el frío que trae el agua.
Guayaquil huele a lluvia y yo me escondo bajo sábanas, dándole play a todas las recomendaciones
del youtube, porque nadie me conoce mejor, porque nadie sabe mejor qué es lo que quiero que me digan, que me escupan en los oídos.
Escribo porque me retan las voces malditas que me habitan, escribo esta mierda como queja extendida por mis constantes traiciones a mi mismo, yo y mi persona.
Guayaquil suena mejor cuando no hay nadie, cuando estoy solo, revolcándome en sus calles anchas,
cercando su ría profunda, caminando por esas calles en que roban a todos, matan a todos, menos a mi.
Qué situación ingrata es estar donde no se quiere y perderse el día donde no se puede o debe vivir!
Con estas ganas de alcohol, esta falta de presencia, y mi ausencia trascendente,
la música es consuelo del que llora por dentro y mis parlantes cantan.
Producto nacional, mamá soy demente, vírgenes violadoras, luis rueda.
Producto nacional, porque yo pensaba que estaba sólo. Sólo, já! Qué arrogante de mi parte.
Porque existe ese mundo al que no pertenezco y estoy, porque estoy donde no se sabe bien si quiero.
Porque nadie sabrá que decir o que creer cuando me calle. Pensarán que quiero respuestas.
No! las tengo todas.
Guayaquil huele a lluvia y yo me drogo con autocontemplación, admirando mi reflejo en el fondo del ojo de la foto tomada en la cumbre de mis sonrisas. Megapixeles de felicidad!
Guayaquil huele a lluvia y yo acá, hecho verga.
Qué agradable placer, señores, es pensar ser parte de algo.
Qué común es, señores, pensar que uno es parte de algo.
Pero la ciudad está sola y yo en ella, igual.

Cuando no estamos

Me extrañarás, amigo, en los días de copas y excesos
cuando al filo de la madrugada
los ebrios mal caminan sus pasos
a través de una calle de gatos negros.
 Me extrañarás, amigo, cuando falte un brazo a tu diestra
donde puedas soltar las risas y el llanto,
esas quejas del borroso pasado
y las glorias de los días desvelados.

 Recordarás entonces, como la luna contemplaba
esa amalgama etérea de alcohol e inconsciencia
la relidad dada vuelta y la cerveza chorreando por la acera.
El vómito y el olvido, las puteadas y los amigos,
la noche recién comenzando y las canciones a todo pulmón,
esas cosas que no salen bien, lo que pudo ser mejor.
Será a la vuelta, en mi prometido regreso,
cuando, borracho compañero, continue el brindis eterno,
los vasos chocando y las risas de camaradería,
los reuniones de aquellos buenos días.
Los días de copas y excesos
cuando al filo de la madrugada
los ebrios mal caminan sus pasos
a través de una calle de gatos negros.

viernes, 25 de mayo de 2012

Objetos quebradizos.

La marea de luces de autos se movía ruidosamente, varios metros bajo sus pies. El grito desesperado e impaciente del tráfico era la música común de la ciudad cuando llegaba el tiempo de volver a casa. De derecha a izquierda y viceversa, se movían, a más de 80 kilómetros por hora, los automóviles, con aquellos inquietos faros pasándo de bajos a fuertes, haciéndole señas al otro y dejándoles ver el camino, los baches, sus rostros cansados.

Podría tomarme una licencia y escribir que el día había sido duro para absolutamente todos. Que es lunes, que nadie estuvo contento, pero bien sabemos que los ánimos varían y nada es absolutamente general. Lo único que puedo afirmar es que el día si había sido pesado para él.
Despedido después de tres años de irregular actividad en su empleo "de mierda", como le gustaba llamarle.

El hecho de caminar al nivel de vuelo de ciertas aves comúnes, de esas que se paran en los cables de la luz y el teléfono, le refrescaba un poco la mente.
Podía recordar, mientras una paloma batía las alas a cinco metros de distancia y defecaba sobre el hombro de un tipo que esperaba un taxi al pie de la avenida, que en casa le esperaba alguien.
Una mirada ansiosa e inquieta como aquellos faros, de esos autos con aquellos conductores muertos de calor.

Los ojos de esa mujer, sedientos de paisajes montañosos, o de arena dorada y mar celeste. Los ojos llenos de dicha de esa chica que recorrió el mundo y ahora está clavada en un trabajo de ocho a cinco en una oficina legal, cumpliendo horas de servicio útiles para titularse como abogada.
La primera vez que la vió sonaba en su iPod The Beatles. Cada vez que escucha Come Together se excita un poco pensando en los dedos pequeños de las manos que le alcanzaron una cerveza en un bar. Recuerda el cuello largo y elegante, con una cadena fina y brillante, la infaltable perla colgando bendita entre esos senos tamaño regular. La piel blanca y pecosa, la boca pequeña, la sonrisa disimulada. La canción se volvía más lujuriosa mientras ella se sentaba en la silla de al lado.

Los lugares cambian su significado en los recuerdos dependiendo de que sensaciones te dejan en el cuerpo, pues no somos más que meros receptores del mundo circundante.
Ella entró en el radar y dejó los efectos de su piel sedosa sobre la mente del triste ebrio, obsesionado e interesante, que hablaba de películas viejas y canciones "eternas".

Luego de esas noches de vacaciones vinieron las llamadas cada dos días, el intercambio de correos electrónicos, el chat porno, los encuentros casuales a pesar de vivir en ciudades distintas.
Una tarde gris donde se olía el fin del invierno apareció ella, llorando en la puerta de su departamento desordenado. Entró, le explicó algo así como que sus padres se divorciaron. El no escuchó, su instinto le dijo que debía hacer espacio en el armario y no perdió tiempo.
Ella dijo: "Sólo a ti podía acudir.". Pensemos que, entre amigos cercanos, hoteles baratos, y la molestia de un viaje de dos horas, preferir llegar a los brazos del amante casual es una especie de halago extraño. Él no se dio por enterado, sólo la recostó en su cama y durmió en el sofá.
No, no era tiempo para el sexo. Las lágrimas no le excitaban, los condones se habían terminado.

A la mañana siguiente, la mirada curiosa de la reina de las palabras lo sorprendió al entrar al baño que estaba sin seguro. La impresión no pasó a más de un titubeo en el "buenos días". Ella, bañándose, no le producía más que familiaridad. Él, mirándo su cuerpo mientra cepillaba sus dientes, le provoca a ella gusto.
Alguna vez hablaremos de coincidencias en el pensamiento, esta vez sólo vale decir que al mismo tiempo supieron que no querrían vivir con otras personas, nunca más.

El tiempo pasa pronto dentro de casa pero se detiene tonta y cansinamente en la calle o el trabajo. La desesperanza de la rutina inundaba su cuerpo, el cansino tránsito de autos, el bus caluroso, sólo quería llegar a casa y ver si ella había cocinado algo.
"Casa" era una palabra que usaba frente a sus amigos desde que ella llegó.
Ellos lo notaban, pero él no. Deben ser alteraciones comunes del subconciente.

Tres años pasaron así, sin cambio alguno en el mundo real, hasta hoy, el día del despido.
Más cambios: una razonable suma monetaria a modo de indemnización; un local en la esquina de la cuadra a dos minutos de casa. Perfecta combinación ante los ojos de un romántico enamorado de las épocas doradas de los libreros. No hacía falta más que un permiso de importación. No hacía falta más que la aprobación de ella, la abogada.

Metidos en la cama, luego del sexo relajante, el cigarrillo encendido y el humo de inspiración, él contó su historia: sin trabajo, con un poco de dinero, un sueño.
Ella no sonrió y se quedó dormida.
Al día siguiente una carta de despedida y el espacio del armario vacio.
La carta resumía lo que ambos sabían: la situación insostenible de la diferencia de gustos y opiniones.
La mirada sedienta de paisajes exóticos desapareció por la misma puerta en la que se paró llorando meses atrás.
La mirada del iluso romántico no se atrevía a declararse triste. Acogió el frío de sus huesos, amarró unos pocos souvenirs del paso de aquella extraña, de esa visita larga e inesperada. Lo tiró todo.

Días van, días vienen y el periódico anuncia una nueva librería en la ciudad, una librería que necesita un ayudante.
El dueño acaba de publicar un libro.
El dueño sueña con miles de personas leyendo a su alrededor.
El dueño tiene la mirada no hace más que leer en el poco tiempo que le queda en el día.

El periódico lleva las noticias a todas las ciudades. Una muchacha de dedos pequeños y mirada curiosa toma un café con licor en un local famoso de una calle muy transitada y comercial de una ciudad vecina mientras planea un vuelo internacional. Reconoce al dueño de la librería en la foto del artículo, arruga la hoja, la tira.

Nada más pasa afuera, sólo la rutina, los autos y las luces como miradas ansiosas, desesperadas por llegar a casa.
Él lee. Ella viaja otra vez.
El mundo sigue su curso caótico junto a la normalidad alguna vez perdida.

Fin.

lunes, 21 de mayo de 2012

Convicto


No siempre se tienen ganas de escribir, uno prefiere pasar durmiendo o ejercitándose en días tan soleados. He tratado de llevar un diario pero logro solamente escribir una y otra vez los nombres de los licores que quiero probar de nuevo. A veces escribo lo que me cuentan otros.
Hoy garabateo la hoja para narrar y recordar ciertos acontecimientos que, si bien me definen como hombre mediocre y sin porvenir, demuestran que los hechos que me llevaron al encarcelamiento y a tanta repercusión mediática, no fueron, por completo, mi culpa.


Mi nombre es Diego Erazo, mejor conocido como "el Diego", así, con dejo argentino y ganado gracias a mi habilidad con el balón de indor. Apodo obvio, claro. Menos obvios quizá sean mis sobrenombres anteriores, pero parecidos a los de todos, en su momento. Alguna vez fui "el gordo", luego "flaco Diego", pero mucho antes, cuando apenas caminaba, yo era "Dieguín" y de ese tiempo datan mis primeros recuerdos. Como el bombardeo en un cantón llamado Santa Rosa, que me narraba mi padre como cuento para dormir. Cosa rara: la iglesia fue el único edificio que quedó en pie de esa vez, en la guerra contra Perú. Decían que fue gracias a la Virgen. Y esa estatua de la Virgen, en esa iglesia, estaba viva y caminaba. Al menos de eso intentó convencerme mi pana, "el Patojo" López.

 

Patojo... se nota que nos falta inventiva para los apodos. Es que nos fijamos mucho en el físico pero caemos en lo más obvio, y si, sirve para reconocernos, pero al mismo tiempo se pierde la originalidad. Se deja de lado la oportunidad de crear y se corre con lo seguro. Lo seguro en este caso era que Carlos López no se había recuperado nunca de la fractura a la pierna izquierda que le provocó su padre al llegar borracho del prostíbulo que quedaba atrás de su casa.
Patojo... quiero pensar que, cuando le pusimos así, en nuestro subconsciente corría el deseo de plasmar en una palabra la descripción del alma de esa persona que conocíamos tan bien después de tantas borracheras juntos. Esa alma que siempre iba en sube y baja, moviéndose torpemente aún por los mejores caminos que encontraba.



No vale la pena buscar, en la memoria incierta que tengo, los sobrenombres de los demás, porque seguro éramos en la mesa, de derecha a izquierda: Casimiro (tuerto desde los 12), el Negro (apodo obvio), el Patojo, el Diego (su servidor), y Flaco Paco (de nuevo, obviedad).
Todos, excepto el Patojo, eran conocidos míos desde el colegio, tal vez por eso me llevaba mejor con él.



En el noventa, el Patojo ya había logrado hacerse con dinero y tenía un buen departamento en la zona norte de la ciudad. Siempre me decía que podía ir a vivir con él, compartir gastos, pero yo nunca quise dejar a mi mamá, creo que por sentimiento de culpa más que por cuidarla. Bueno, con cuidados o sin ellos, mi madre ya estaba condenada. En el '94, un infarto cardiaco la sacó de este mundo. Desde entonces fui dueño de la casa. Al no tener hermanos, con padre tragado por la tierra, yo era el único heredero del buen nombre de la familia. Pocos hechos me movieron el piso de verdad, uno de ellos fue el tener un departamento para mí sólo. Eso que me llevó a obtenerlo jamás me mortificó ni lloré mucho. Tenía otras cosas que hacer y pensar, cosas que la nueva condición de libertad me permitía.



La ruta de bares iba de norte a sur y cada uno de ellos visitado por mí y los muchachos. Nadie nos conocía mucho, ni llamábamos la atención, siempre anduvimos en busca de olvidarnos del sol y concentrarnos en la noche. Trago para alegrarnos y mujeres para pelearnos.

El suertudo que conseguía un "culito" primero tenía derecho a la llave del piso del Patojo o a la llave de mi casa. Siempre, aunque no debieran, los otros tres nos devolvían el favor como podían, ya sea con un buen whisky o presentando a las hermanas. Y es que, cabe recalcar, nunca fuimos mujeriegos malos, sino enamoradizos y turistas. Todas mis ex novias me aprecian, tengo las cartas que lo demuestran.


Así, un día en que leía una de esas cartas, (enero del 98, creo) sentado en la puerta de mi casa, Flaco Paco llegó a visitarme, completamente drogado. La visita no era pacífica, lo descubrí cuando comenzó a insultarme. Trató de darme un par de golpes pero no tenía la suficiente coordinación.
Al mismo tiempo llegaba el Patojo y el Negro a buscarme para salir y detuvieron a Flaco Paco antes de que intentara una patada voladora al mejor estilo ninja. Los cuatro caminamos hasta el bar más cercano y Paco nos contó que buscaba golpearme para salvar el honor de su hermanita, que tan enamorada de mí estaba y que yo había dejado la noche anterior. De ella era la carta que yo leía y que aún me guardaba en el bolsillo. Decidí no mostrársela a nadie ese momento, como para evitar otro ataque.



Las botellas vacías de cervezas se iban acumulando bajo la mesa. Paco repartió el poco polvo que le sobraba entre los cuatro presentes. Era una noche más, una noche cualquiera de nuestras vidas, esperando que se abriera la puerta y apareciera en el umbral alguna mujer preciosa. Y llegó.
Yo estaba borracho en ese momento, pero donde sea hubiera reconocido a la hermana del flaco, Fátima. Un mujerón, una yegua, unos ojos y una boca como el cielo.
Yo estaba borracho y le dije el piropo más sucio que conocía, pensando "vaya, por qué la dejé?". Flaco Paco no me escuchó, estaba concentrado en los y las acompañantes de su hermana.



Ninguna mujer bonita va sola a ningún lado, eso es algo que he sabido siempre pero que no tomé en cuenta cuando "halagué" a Fátima. Su acompañante, un tonto enorme y lleno de músculos, mi reemplazo (qué rápida fue!), me sujetó del cuello de la camisa e intentó reventarme a golpes. Los muchachos corrieron en mi ayuda. Me salvaron a penas del primer puñetazo y nos fuimos de ese bar, huyendo sin pagar. Entramos a una cantina no tan lejana. Encontramos a Casimiro sólo allí, y con más nieve de la que podíamos manejar.



El Patojo tenía esa mala costumbre de intentar convencernos siempre de que la Virgen, la de la iglesia de Santa Rosa, camina. Dice que los peruanos se la llevaron como trofeo a su tierra pero que un día después, la estatua estaba de nuevo en su sitio, con los pies muy sucios.
Me sé de memoria cada detalle que cuenta pero, cómo conseguimos que tres chicas guapas se sentaran a la mesa, alguien debía narrar alguna cosa medio interesante. Ellas estaban allí más por la cerveza gratis que por nosotros, pero fueron muy educadas al sonar sorprendidas con la historia de la santa.



Yo me encaminé al baño para sacar el exceso de cerveza. Al salir caminé distraído por entre las mesas.
Al escuchar apenas que alguien hablaba de la estatua de la virgen que camina, me acerqué confiado. Cuando tuve cerca al relator le di una fuerte palmada en la parte de atrás de la cabeza, y le dije sonriendo, "cállate".
Alcé la mirada para presenciar si alguien reía pero lo primero que vi fue a Fátima, con la boca abierta, sorprendida. Entonces caí en cuenta de que esa no era la voz de mi pana. Luego vi a su tonto y musculoso acompañante levantarse de la silla, y a mis amigos que venían corriendo, anticipándose a la batalla.



Todo fue rápido. Nosotros cinco golpeando, o al menos intentando golpear, al novio y los amigos de Fátima que salió corriendo a llamar a la policía.
De lejos escuché al Patojo encomendarse a la virgen caminante. Yo le toqué el culo a Fátima antes de que se fuera y sentía que mis golpes eran más fuertes que antes (micro milagros en tiempos caóticos).

Aquí un pensamiento muy personal: La pelea no habría pasado a mayores si los armas no existieran, de eso estoy seguro, la culpa superior de todo es del creador de las pistolas.


Flaco Paco sacó un revólver y pegó un tiro sin dirección. Todos nos callamos, no por el disparo sino porque la bala perdida hirió, de pasada, al Negro en el cuello. El Patojo estaba desesperado por huir ya que le habíamos dado toda la coca a él para guardarla y sabía que la policía estaba próxima. Le quitó el arma a Paco y le disparó a tres de nuestros contrincantes, antes de que pudiéramos reaccionar, matándolos al instante. Yo seguía inmóvil en mi sitio.



El novio nuevo de Fátima sacó un revólver y comenzó a dispararnos. En ese tiroteo poco hollywoodense, murió el Negro, Paco y Casimiro. Quedábamos el Patojo y yo, escondidos tras una mesa. Las sirenas se hacían cada vez más cercanas. Tomé el arma dispuesto a matar a quién se me atraviese en la huida pero el Patojo tenía otras intenciones. Salió corriendo, tirándome todo la coca encima, hacia la puerta. Lamentablemente, el tonto y musculoso novio de Fátima aún tenía balas y eliminó al Patojo con un sólo tiro.



Y ahí estaba yo, sin poder moverme, con la policía en la puerta, lleno de droga, borracho, con un arma que había matado a tres personas y pensando en la bella Fátima.

Me culparon de todo lo sucedido por tener el arma en la mano y la droga. El novio de Fátima logró huir.


Llevo ya dos años detenido en la Penitenciaría del Litoral, mejor conocida como "La Peni". Todo el seguimiento que se ha hecho a mi caso es a causa de que el hombre que mató a mis amigos, es hijo de un empresario, un hombre de dinero. La prensa lo llama "el chico con mala suerte" y a mí me llaman "el asesino".

No estoy pensando en salir libre otra vez, no le veo mucha gracia, porque como dice el Pluto Hernández, "afuera sólo me quedan las cantinas, putas y peleas".
Acá se me pasan las horas pensando en lo malos que somos para los apodos, para contar historias, para pelear, para escapar, para escribir... para todo.

lunes, 14 de mayo de 2012

Unknown Joy

She claims to be inmortal and jumps to the pool.
She is singing at loud, but the volumen is too high to hear.
We all go along, there´s such a cold winter out the door,
even so, we've been playing with snow.

I´m dancing to the sound, losing my breath and starting again,
no one can see me, but I have them all on my sight,
I swear I've never been this high
the sky feels closer when I rise.

From the rooftop comes my screaming, I'm lonely.
They take me in their arms and kiss me one by one.
She´s the last, she´s the first,
because we go all over again.

But she can not stop the jumping, the pumping.
We've been sharing the same world,
watching life on each others fun.
I think she´s lost control.

Grabs my hand and stares at me, she says nothing is free.
Some one is hearing us, we must run. And we run.
Passing by the bathroom, we got in their room,
they followed us but we closed the door.

She is shaking, her body is aching, I know so,
because she´s never been as cold before.
And her eyes move from me to the wall,
but she can not see, nothing at all.

Loud voices knocking the door, Oh Lord, I'm lost!
They have found me, they trap me.
She was so quiet in the floor, now they´re
messing with her chest. Now she does not seem to rest.

They called the cops, but I won´t go, no,
because she´s my home. Oh Lord, you know she said,
"Let´s go somewhere else instead"
But I took her to the cold, I told her "grow old".

Those eyes don´t shine, there´s not a smile,
I look at my hands and see white snow,
Should I hug her and run?
Now there´s no fun, not at all.

Oh Lord, we've lost control, again!


Inspirado en:

miércoles, 9 de mayo de 2012

Finales Conocidos.

Llevo una hora caminando a lo largo de la misma calle en la que ella me recogió anoche.
Las luces amarillas parecen melancólicas. Alumbran de manera callada, como cansadas, las hojas de los árboles que mantengo a mi derecha.
Si empiezo a volver llegaré a casa en cinco minutos, pero no, no quiero estar otra vez en la cama, dando vueltas sin poder dormir.

Es el mismo ambiente de ayer pero menos frío. No había notado lo tranquilo que es por aquí, debe ser porque nunca salgo.
Pronto serán las dos de la mañana. Me siento en la vereda, miro el cielo que no tiene ni una sola estrella y la pienso. Ayer, a esta hora, ella detuvo su auto a mi izquierda, sacó la cabeza por la venta y me preguntó a dónde iba. Le dije que a ningún lugar, que simplemente no podía dormir, ella lo tomó como sarcasmo y me invitó a subir. No sé por qué, pero lo hice.

- Hay historias que comienzo a escribir sabiendo el final. Esa es la única guía necesaria.
- No es muy fácil hacerlo así? Yo no sé nada sobre escribir pero es como ver una película sabiendo el final.
- Claro, es fácil. Es mi método, o al menos así lo vengo haciendo.
- Entonces, cuál es el problema?
- Que no puedo dormir.
- Ese no es el problema, es una consecuencia.
- Comencé una historia, y no conozco a la protagonista. Todo está en mi mente, menos el final. A medida que escribo, ella parece que pidiera a gritos un ataúd, no puedo controlar sus adicciones, sus delirios. Es tan diferente a mí...
- Te quita el sueño, ella o la historia?
- Ella. La amo. Es mi personaje y la amo.
- Estás loco, entonces.
- Saldrás corriendo?
- No, porque no tengo nada más que hacer.
- Cuál es el motivo de tu insomnio?
- Dormir en la misma cama que un cerdo.
- Por cuantos años?
- Suficientes como para no quejarme.
-Deberías irte de su casa y de su cama.
- No sé. Sin él no tendría motivos para salir en la madrugada a pasear en auto.
- Podrías hacerlo por puro gusto.
- Las personas normales no hacemos eso. Se necesita estar un poco loco.
- Te puedo ayudar con eso, si quieres.
- Tú necesitas ayuda.
- Serás uno de mis personajes... una dama de la noche, una putita triste, como la de García Márquez.
- Jaja... no doy para eso, ni estoy tan joven. Sólo tu imaginación me libra de mi profunda humanidad.
- En todos lados hay literatura.
- Seré tu personaje, pero, conoces mi final?
- Tengo en la mente tu nombre, tus ojos, tu auto. Puedo trabajar con eso.
- No quiero morir.
- Yo no alargo la vida. Los personajes se crean para desaparecer. Para auto destruirse, tal vez. Es ley para los reales y los imaginarios, eliminarse a sí mismos.
- No soy valiente, no lograría poner una línea en mi nariz o una bala en mi frente.
- Tu personaje podría. Eres libre en mis páginas.
- No soy libre ni en mi mente. No soy libre porque aqui y allá me condenas al ataúd.
- La libertad es relativa.
- Nadie es libre. Yo, presa de un marido lobo y una rutina sanguijuela.
- Yo, maldecido por mis propias ideas inconclusas.
- En qué sentido podemos cambiar algo, si al final todo termina en nada? Nada absoluta.
- Se puede disfrutar un poquito, mentir a ratos, cantar y despertar a los vecinos.
- Se puede conducir a 130 km/h a las 3 de la mañana.
- Podemos tomar  el café de tu thermo sentados en la carretera.
- Podríamos hablar más seguido.
- Y tu completarías, añadirías tono a mi visión juvenil con esos diez años de más que traen tus ojos.
- Podría contarte verdades que convertirías en mentiras bien descritas. Puedo hablarte del amor y sus formas de acribillar.
- Tu esposo es un personaje también, pero muy común. Más cliché se vuelve mientras más te golpea. El hombre acribilla al hombre.
- Yo soy la típica esposa que no se quiere ir. Nos acribillamos a nosotros mismos, sin mucha ayuda.
- No, él no te daña. Tú sólo quieres una excusa para llorar de noche.
- Puede ser. La sonrisa... no la aguanto. Muchas pueden.
- Yo amo a una mujer que sonríe siempre.
- Así nos mostramos todas, al principio.
- Ella me cuenta todo. Me diría si algo cambia. La golpearé pero muy suavemente, para apenas marcarla como mía.
- Tú eres ella. Ella es tinta negra en fondo blanco. La lastimas, te dañas. Déjala ya. Duerme.
- Comencé la historia sin saber el final, eso me hace perder la cabeza.
- Algo así es el amor.
- El amor es sexo. Te vuelves adicto. Todo adicto sufre.
- O es golpeado...
- O escribe una novela.
- Y se encuentra a otro solitario para tomarse un café.

Ahí seguimos hablando hasta que el reloj marcó las cinco. Algunos autos ya circulaban por la avenida del frente. Me dejó donde me encontró y corrió a casa, a esperar al marido con el dasayuno listo. Si el tipo dormía más, ella se daría tiempo de comenzar el libro que le presté: "Libertad" de un tipo de apellido Franzen. Nadie es libre, me dijo. Yo concordé, porque lo pienso y por concordar con alguien, alguna vez.

Son las cuatro ya, ella no vendrá esta vez.
Camino por el centro para que los árboles me vean mejor.
Estoy ebrio de palabras, necesito conversación y que me digan qué hay que hacer, cómo se puede hacer. Necesito, más. Más de lo que tengo, porque así, me siento vacío.
Ella nunca llegó y yo me terminé sólo esta botella.
La mujer del auto es mi personaje, y no muere, sólo desaparece.

-----------------------------

Acabo de despertar. No dormí porque quise, sino por el licor. Me duele la cabeza.
Tomo un baño, me rasuro y salgo, con mi mejor traje, hacia la editorial. En el camino compro los dos peródicos de más circulación en la ciudad, para cumplir con mi ritual mañanero y tener noticias sobre las cuales quejarme el resto del día.
Uno de los diarios es serio, objetivo. El otro es un pasquín amarillista con mujeres semi desnudas en la portada, junto a las fotos del más sangriento y reciente accidente.
En la segunda página del diario amarillista: MARIDO CELOSO LA MATÓ POR LLEVARSE EL AUTO TODA LA MADRUGADA.
Somos todos seres imaginarios. Nos creamos a nosotros mismos, personajes incompletos.
Y siempre, siempre, de alguna u otra manera, terminamos en un cuento, letras.