Más allá de lo cítrico, descifré cierto cinismo
cuando el protagonista explicaba sus amores.
Su voz eran espinas, su ser, fétido.
Era yo, algún "yo", el que susurraba mentiras,
esas que yo oculto de los otros.
Quién conociera de verdad, mis ideas!
Sabrían, entonces, porque no veo sus ojos.
Me he llevado a pensar que nací distinto.
Elevé tanto mi nombre en mis mentes,
atribuí tantos dones a mi instinto,
declaré, con soberbia, a todos dementes.
Perdí la pasión y el amor,
reclamando como propia, la soledad.
Mis palabras frías alejan al santo con su hedor,
mientras pienso que todos huyen de la verdad.
-mi verdad-
Este ser triste en que he devenido,
no se alegra con dichas terrenales.
Acostado en la cama, este hombre maldito,
respira libros, consume canciones.
Mi drogado espíritu, que quiso crear,
las estúpidas manos que no supieron hablar,
el desprecio hacia todos los demás,
es el resumen de mi vida trivial.
Me invade el spleen, el dolor por lo que desconozco.
Sufro por invenciones de mi imaginación,
y aún así, miro en el espejo, este nuevo yo,
pensándome tan superior, extraordinaria creación.