viernes, 27 de julio de 2012

Indignado Criollo

Hace pocos minutos llegó mi hermano con la misma sonrisa que pone cuando la confución, el nerviosismo por lo inexplicable y la costumbre a lo bizarro se juntan en su rostro. Una expresión de gracisosa frustración.

Los partidos políticos ecuatorianos han instaurado, a nuestras espaldas, un maléfico entramado de mentiras y corrupción. Pero lo que nos ocupa hoy es algo clasificable como: no-tan-grave-comparado-a-lo-que-estamos-acostumbrados.

En el afán por alcanzar un puesto como funcionarios, un grupo de seudo políticos (como sino fuera suficiente con ser político) arma su partido político, para lo cuál necesitan de equis cantidad de firmas que representen el respaldo y aceptación de su propuesta por un grupo más o menos nutrido de individuos de la sociedad. Por supuesto, hay quienes corren desesperados a entregar su nombre y poner sus manos al fuego a favor de ciertos nombres reconocidos del ámbito social, relamiéndose por un posible "puestito", "cachuelo", "escalera", "trampolín", dentro de la política y los cargos bien remunerados del estado. Otros lo hacen por ingenuos, y los dejamos porque, aceptémoslo, hasta cierto punto, esos que creen en todo, todo lo que se promete en campaña, son tiernos.

Pero habemos quiénes, por uno u otro motivo (en mi caso, por abstinencia insostenible al tema político) no nos afiliamos en ningún lado y aparecemos el día de votaciones para hacer lo que resulte "menos peor" o "más mejor" para la nación. Resulta que ahora los inocentes hemos sido nosotros!

Cabrones.

El gobierno de turno ha instaurado un sistema de acceso a los datos legales de cada ecuatoriano que esten registrados en una institución perteneciente al estado. Se llama Dato Seguro, y a través de ella pudimos, y gracias a la denuncia pública hecha por un diario que ahora ignoro, pudimos enterarnos hoy de la nueva estafa.

Los partidos politicos, todos, incluido el partido de gobierno, han utilizado los datos de muchos ecuatorianos (no tengo los números) para engordar las listas de sus adherentes para crear así una ilusión de aceptación que, claro, el estado no se iba a molestar en verificar. Es como si a un adolescente le dieras cien encuestas para distribuir en la calle. Por más fácil que sea el muchacho las llenará por sí mismo con datos inventados. (Been there. Done that).

Aparezco entre los seguidores  y fans de la lista CREO. No tengo mínima idea de quienes son los formadores de la misma pero, por lo visto, a ellos eso no les importa. Mi nombre, mi número de cédula aparecen allí. No he movido un dedo para tomar una pluma y firmar un papel donde confirme mi preferencia por su partido o movimiento. Ahora, si quiero deshacer lo que no hice, tendré que mover el mundo.

Una denuncia en la sede regional de la Fiscalía General del Estado es el primer paso.
Luego, llenar un formulario de denuncia que debe ser entregado, adjuntando una copia de cédula, en el edificio de cada provincia del Consejo Nacional Electoral (CNE).
Es un trámite largo que, para mi criterio, lo vale. Eso sí, tendré que esperar a encontrar el tiempo pero debe ser antes de las elecciones del 2013.

Cabrones.

Tomé la noticia como la tomaron todos los demás en casa, con la sonrisa de graciosa frustración.
Algo que se le pasó de largo al partido de gobierno fue editar su base de datos para no salir perjudicados. Aunque seguro no les afectará.

Si algún compatriota lee este post este es el link donde podrán verificar su situación:

Suerte, hermanos!

viernes, 13 de julio de 2012

Ver para creer


Nunca me fijo en la llave del gas, si apesta, si puedo volar en pedazos. No soy de los que regresan y se preocupa de que la perilla, que gira de derecha a izquierda, abre la puerta hacia afuera y no hacia dentro como sería normal en cualquier casa. No me cepillo los dientes dos veces pensando que no logré eliminar todo el sarro. Jamás escribo y vuelvo a escribir con el mismo marcador, luego de haberlo usado, solo para asegurarme de que hay tinta aún. No toco las cosas con pañuelos por miedo a las bacterias, no me preocupo por si lo que como fue bien cocinado o el orden de los cubiertos en la mesa, junto a los platos, y las copas, su altura, y el mantel, qué tan blanco, o las velas, qué tan derretidas. Lo único que yo hago, lo que no puedo evitar, es acercarme a la ventana enorme de mi sala, abrirla, y mirar para fuera todo el tiempo del mundo, todo el tiempo del día. Todo el día.

Eso es algo que algunos llamarían obsesión. Yo no. Yo le llamo "necesidad". Como el agua fresca que baja por mi garganta en el momento justo cuando comienza a ponerse seca y rasposa. Como el vino cuando mi mente no piensa más que en su rojo profundo (Nunca el blanco, sin importar las comidas. Nunca el blanco. Y niego que esto sea una obsesión.) y su amarga delicadeza concentrada en su aroma. Como vestirme, como arroparme cuando el frío, como pensar o escribir en este diario nuevo, y como en todos esos diarios viejos que voy guardando. Así de necesario es abrir la ventana cada mañana, contemplar las calles cada tarde, ver morir el viento chocando contra mis paredes, arrastrando la luz consigo y el sonido de la noche, cada noche.

Y no soporto el vidrio, no. No aguanto esas rejas metálicas corredizas que estaban allí desde antes de que yo llegara. No las soporto aunque digan que es por seguridad, que en este barrio nadie se puede confiar, que me digan "ya ves, nuestro vecino era mafioso, qué miedo". Seguridad es saber que tengo un rifle en el armario. Seguridad es saber que tengo la ventana y que los dos pisos que me separan del suelo son nada si debo huir.

Me han llamado loco. Me llaman loco aún, sobre todo los más chicos y los jóvenes. Otros piensan que estoy loco y no me lo dicen simplemente para evitarse problemas. Sabios tontos, no querrían problemas conmigo. Lo que todos tienen en común es mirarme de reojo cuando pasan por la vereda del frente. Si coinciden en pararse a conversar allí seguro termino siendo parte de su conversación. Yo no finjo. Yo los miro a los ojos, a todos, y ellos tienen miedo, lo noto por su manera de bajarme la mirada, a la velocidad de la luz. Lo noto porque cuando me levanto a coger otra cerveza, sus cuerpos tiemblan y caminan rápido para alejarse del lugar. Esa es una de las diversiones que provoca mi posición aventajada, mi ventana enorme, mi cara de loco.

A veces me pregunto qué haré con una tienda. Cómo pudo siquiera ocurrírseme la idea. Y justo ahora que comenzaba a disfrutar las caminatas hasta la tienda por mis cigarrillos predilectos. Si los doctores del ejército lo supieran tratarían de convencerme de todas las maneras posibles de que es una mala idea. Un paranoico con síndrome de estrés post-trauma no puede dirigir un negocio abierto al público, donde la interrelación con otros sujetos de la misma especie sea completamente necesaria.

Seguramente los de bata blanca tienen razón, pero ya fue. En esta ciudad nadie sabe mi pasado, sólo soy el ermitaño al que se le perdieron las montañas y el mapa y terminó en la jungla de cemento. Cuando ponga la tienda no sólo vendrán a comprar sino que fingirán que les agrado, porque nadie le fía a aquellos que lo desprecian.

Mi única preocupación por ahora es la remodelación del local del mafioso. Necesito una ventana igual a la mía, allí. O quizá pagaré para que tiren las paredes y pongan vidrio en todo. Eso sería mejor. Y para eso sirve la pensión del gobierno que se apiada del paranoico disfuncional. Sé que esos perros me vigilan a través de la policía que no deja de pasar por aquí desde lo de los chinos. Ya verán como si puedo funcionar.

Tal vez por eso sigo con la estúpida idea de la tienda. Demostrar que a pesar de ser el más cuerdo de todos, de saber que hay gente vigilándome, tratando de controlar a todos, puedo funcionar dentro de su mierdera sociedad. Eso me daría ventaja. Sería como una ventana dentro de la cabeza de una comunidad dormida, con sueños de fuga quebrantados por la realidad indolente. Y esta ventana es necesaria. Necesaria para mí.

Puse un papel en la puerta del local. Era un anuncio de trabajo: Se necesita empleado para próxima tienda. Info: Casa del frente. La gente leía, miraba al frente, directo a la ventana donde estaba yo, con mi cigarrillo entre los dedos y el humo frente a mi rostro. Todos huían, hasta que una morena hermosa, de unos veintidós años tomó el papel. No solo lo leyó, lo arrancó de la pared, dirigió la cabeza hacia mí y me sostuvo la mirada. Al siguiente día volvió, me aseguró que deseaba el trabajo y me dejó su número para que la llame cuando esté listo el local. Me dijo que se llama Dolores, que ha trabajado en varias tiendas de la ciudad y me dio los nombres. Le sonreí y le dije que sí.

Ayer salí de casa, como rara vez hago, para recorrer la ciudad. Fue fácil rastrear cada tienda que ella me dijo. Eran todas reales y en ninguna había trabajado. Revisé por internet su nombre, sus apellidos, y no existía nada más que un perfil en una red social con una foto suya pero con cero informaciones. También me dijo que vivía cerca de acá, no especificó la calle. Pero yo nunca la había visto pasar antes bajo mi ventana.

Ella miente. Ella miente con ganas y seguridad que hasta sabiendo que todo es falso me gustó creerle. Lo que no sabe es que de acá todo lo veo: ella regresa cada tarde y se para en la esquina más lejana, hacia la derecha de mi casa. Mira y mira tratando de divisar mi sombra, y lo hace. Se va luego de un par de minutos. Por algún motivo me está vigilando, y yo la vigilo a ella, aunque no lo sepa. Cada noche, con la excusa de comprar cigarros salgo y la veo. Con su disfraz de puta, parada en la avenida. Le pregunté a una compañera suya por su nombre artístico, y me dijo: Dolores.

La puta me sigue y yo la sigo. La puta es preciosa y me vigila. ¿Qué dirían los doctores ahora que tengo razones para mi paranoia?

La remodelación estará lista en una semana. Las paredes son de vidrio, lo veo todo hacia el frente de la calle. Los vecinos se sorprenden al verme allí dentro, no parecen entender que soy el dueño. Su confusión es risible. Mi experimento es ilógico.

Llamé a Dolores y le dije que se aliste para trabajar. No ha dejado de seguirme. No he dejado de controlar sus pasos. Algo trama y algo tramaré para entenderlo. Por lo pronto, la quiero cerca.

domingo, 1 de julio de 2012

(Inserte título irónico y satírico aquí)

Me pasaron esto por facebook (oh, santa página!). Leanlo, lo más que puedan. En serio, aventurense, diganme que piensan.

http://www.las21tesisdetito.com/tierrahueca.htm

Resumen sin spoilers: La tierra es hueca. Muchos cientificos respaldan esta idea. Luego, hay una conspiración mundial regida por el poder económico de los Iluminati para no revelar una gran verdad que cambiaría el curso del mundo y el pensamiento humano tal y cual lo conocemos: existe otro mundo bajo nosotros.

Yo lo sigo leyendo hasta ahora. Si les inspira un cuento, que lindo sería! Sino, que les inspire un comentario, vamos. Y no se priven en las palabras, eh, que esta teoria da para mucho.

Saludos y que les aproveche!

viernes, 29 de junio de 2012

Comida para reptiles 3.0

Día 132. Lunes.
Ayer salí a fumarme un cigarro y vi de nuevo a los chinos recibiendo a la familia. Cada vez que bajan de ese auto me recuerdan al viejo chiste de los payasos que salen uno tras otro del pequeño automóvil. Ellos también son un chiste en sí mismos, tratando y pudiendo a duras penas saludarme con ese español rústico y mal sonante. No sé como el  tendero del frente los soporta siendo su principal competencia. Es verdad que apenas llegan pero con el tiempo seguro les despertará la manía de intentar dominar el mundo. Conozco a esta gente que sonríe todo el tiempo y saluda a diestra y siniestra. Se sienten bien, sienten que agradarán a todos. Sé que lo lograrán pero no conmigo, no.

Día 134. Miércoles.
Pepe, el tendero, me cuenta que un amigo suyo dejó de lado el negocio, una tienda igual a la de él, para poner un local de masajes exóticos o chinos, o algo así. Me dió la dirección. Cómo si pensara ir. Él sabe bien que apenas y salgo de casa, sólo necesito cigarrillos. Cosa rara: los chinos están vendiendo todo, de todo, para todos, menos los cigarrillos que me gusta. Esos sólo los tiene Pepe.

Día 135. Jueves.
Hoy llegaron los familiares de los chinos otra vez, pero es raro pues sólo acostumbran venir cada dos semanas. Le pregunté a Mariuxi, la novia de Pepe, si sabía qué pasaba pero claro, esta gente que hace cosas, que sale a trabajar y conversa, no tiene tiempo para presenciar cómo se le mueve el mundo alrededor y cómo les destrozan el suelo con sólo un trato. Yo sí me doy cuenta de todo. El trato del que hablo es ese que hicieron los chinos con el dueño de la casa de al lado de su tienda. Más que trato es una venta. Los chinitos compraron esa casa y ya me imagino el paso siguiente: unir ambas casas y hacer una tienda enorme. Lo cagaron a Pepe.

Día 138. Domingo.
Le comenté otra vez a Mariuxi el plan que tienen los chinos, cómo quieren apoderarse de toda la calle, monopolizar el negocio de ventas. Ella me mira siempre raro, no sabe que tengo razón. Compré un par de cervezas y regresé a sentarme frente a la ventana. De aquí los veo a los dos, a Mariuxi y a Pepe que acaba de llegar. Están tan contentos.

Día 140. Martes.
Llegaron los padres del tendero. Estaban de viaje por Argentina. Escuché sus gritos apenas me había despertado. El viejo es un tonto, siempre se negó a vender cerveza y cigarrillos, muy cristiano, creo. Cuando le dejó la tienda a Pepe las cosas cambiaron para bien, el tipo tiene estrategia, será por eso que no se preocupa por los chinos. Por cierto, ellos ya contrataron un ingeniero para que les haga los planos y remodelaciones. Me equivoqué muy poco. No compraron las dos casas para unirlas, obviamente sería complicado. Pero vivirán en una y la otra será una tienda gigante, un supermarket.

Día 156. Jueves.
El chino más viejo me mira de reojo cuando me paro en la ventana. Le grité si quería algo de mi pero no sé si sabe mi idioma. La tienda la lleva su hija, que es más delgada que todas las personas en el barrio. Está casada con un calvo. Se ve que tienen dinero, pero tienen problemas. El ingeniero que habían contratato se fue a los dos días con un buen dinero que ellos le habían anticipado. Ahora contrataron otro pero el material de construcción se les desaparece todo el tiempo. Les va a salir caro el chiste de remodelar.
Todo esto me lo cuenta Mariuxi cuando voy por más cervezas. Igual, parece que me tuviera miedo pero obviamente necesita alguien con quién hablar pues los suegros le ocupan todo el tiempo al hijo con idas al hospital y otras cosas. Los viejos se volverán a ir pronto, esta vez a Madrid, luego Barcelona y luego a Francia. Sí, tienen dinero ellos también, seguro por eso no temen a la competencia.

Día 160. Lunes.
Me acosté con Mariuxi. Cosa mía no fue y ella dice que es culpa de Pepe por dejarla tan sola. Descubrió que él no acompaña a los padres a ningún lado sino que va donde el amigo que tiene el local de masajes. "Son masajes con happy ending" me dijo, y yo no pude evitar reir por su manera de pronunciar. Observé las fotos en el cuarto de Pepe: posando con armas, con tipos de pinta rara, caras de ladrones y bares de bajo mundo acompañado de amigos. Me las juego todas a que el dinero que tiene viene de las apuestas y anda metido en líos de ladrones.

Día 165. Sábado.
Son apenas las 5 de la madrugada y no he dormido nada. La noche fue intensa desde la ventana. Pocas veces se ven cosas raras en esta parte acomodada de la ciudad. Mientras fumaba, a eso de las 11, los chinos cerraban la tienda y Pepe se bajaba de un auto negro. Es el mismo auto negro que se para en la esquina desde hace tres días. Parece que vigilan a alguien. No es a mí, lo sé porque me he pasado en frente de ellos con la excusa de fumar en el parque de la otra cuadra y no me toman en cuenta. Los vigilé, practicamente los reté con la mirada, no hicieron nada.
Anoche, Pepe les hizo señas, sé que algo les dijo sobre los chinos que ya habían entrado.
Después de un par de horas llegaron tipos de mala pinta y comenzaron a romper las ventanas de la casa de los chinos. Escaparon en un auto rojo sin matrículas. Los chinos llamaron a la policía y ellos entrevistaron a los vecinos. Yo no dije nada, porque seguro estos cerdos son amigos de los ladrones, me pondrían en peligro.

Día 175. Martes.
Anoche, en la cama con Mariuxi, le conté lo que ví hace unos días. Ella sonrió de una manera extraña y me dijo que no sea tan curioso, que podría pasarme algo. Le dije que, a pesar de la panza, un militar retirado sabe defenderse. No le conté que no me retiré sino que me retiraron, por loco, dijeron. Idiotas.

Día 176. Miércoles.
Pepe sabe que Mariuxi lo traiciona, no sabe que es conmigo. Ella me lo contó por teléfono. Va a salir de la ciudad. Este tipo debe ser una mierda como para infundir ese tipo de miedo.
Noticia extraña en el telediario del medio día: El gerente de una tienda de artículos alimenticios importados publicitó su suicidio mediante un cartel en su tienda. Después de unos días usó un cúter en sus venas. Para hacerlo más increíble: tres chinos hubieran hecho lo mismo pero los vecinos no los dejaron. A nadie se le ocurrió detener también al primero?

Día 177. Jueves.
Han robado la tienda de los chinos, fueron los mismos tipos del auto rojo del otro día, lo sé, los vi. La policía volvió a preguntarme todo, parece que sospechan de mí. Bueno, un hombre sólo en un departamento, que solo sale a fumar y beber pero que parece de dinero, debe ser algo raro. Los entiendo cuando se ponen paranoicos. Já! quien mejor que yo como para entenderlos.
Algo más pasó hoy: Pepe me preguntó por Mariuxi, no parece preocupado, se nota la rabia cuando pronuncia su nombre. De mi nada sospecha.

Día 186. Sábado.
Pepe hablaba por teléfono hoy, mirando hacia la tienda de los chinos que a pesar del robo seguían vendiendo. Pusieron un letrero: Se vende comida para reptil. No sé cómo diablos, o a quién carajos se le ocurriría tal producto pero suena lógico, el parque de la otra cuadra tiene iguanas a montón. El producto es un éxito de ventas entre niños y grandes.
La mirada de Pepe irradia cabreo.

Día 187. Domingo.
Con la familia de los chinos dentro de la casa, de noche, a eso de las 10, otra vez los mismos tipos del auto rojo. No robaron, sino que golpearon a todos los hombres de la familia. La policía está desesperada y ya declararon que sospechan que esto es por venganza. No sé si sigo siendo un sospechoso pero les mostré mi identificación de Sargento segundo y dejaron de preguntar. Si hubieran visto el rifle que tengo en el armario no se hubieran ido tan tranquilos.

Día 195. Viernes.
Pepe es un mafioso, presta dinero a intereses elevadisimos y tiene matones para las cobranzas. La tienda es sólo una pantalla. Ya decía yo que un cuarentón no vive por una tiendita.
Los chinos le habían hecho un prestamo gigante para comprar la otra casa pensando que el negocio cubriría todos los gastos en unos cuantos años pero no contaban con que aquel contratista se les llevaría un montón de dinero, más del que yo había pensado. Todo esto me lo dijo Mariuxi, sigo en contacto con ella. Se mudó a Bariloche robándole dinero a Pepe.
La vida por fin está dandome las historias emocionantes que merezco.

Día 200. Miércoles.
Los chinos denunciaron al único tendero que conozco que vende los cigarrillos que me gustan. Es necesario decir que estos son los días en que más me he metido humo a los pulmones? La policía invadió la casa de Pepe para arrestarlo. Él no estaba, le habían avisado ya, seguro algún cerdo policía.
Los pacos solo agarraron evidencia. Los chinos están muy asustados, se les nota.

Día 201. Jueves.
Con los binoculares veo a los chinos preparando maletas y veo la casa de Pepe vacía. Me quedan sólo dos cigarrillos. Gran mierda!
El auto negro del que una vez se bajó Pepe está rondando estas calles, vigilan a los chinos.

Día 202. Viernes.
Me desperté a las 9, cosa extraña en mi, pero debe ser que los desvelos me están pasando factura. La sorpresa no tan sorprendente: los chinos están muertos. Los encontraron amarrados por parejas en la tienda. Les cortaron la gargante con (adivinen) un cúter negro marca Pelikan, hecho en Taiwan, un artículo de su propia tienda. La policía vino a preguntarme si vi algo pues un vecino les dijo que yo paso las noches despierto mirando por la ventana. Mis ojeras son la mejor prueba de eso. Pero no, esta vez, lamentablemente, no vi nada, señores.

Día 203. Sábado.
Pepe está con Mariuxi, se perdonaron y están felices tomando un paseo por Barcelona acompañados por los padres de él. Nadie planea regresar, eso me dijo. Bueno, los entiendo.
Conseguí mis cigarrillos, los venden en una tienda que queda a media hora si voy a pie. Es una mierda caminar tanto.
Toda la ciudad ya se olvidó de los chinos muertos. Regresaron los días de calma.
Día 205. Lunes.
Creo que voy a ponerme una tienda, pues no hay competencia y sobre todo para tener cerca mis cigarrillos.
Guayaquil huele a lluvia.Chorros de agua son lanzados desde el cielo
cuál carnaval de astronómicas proporciones.
Se combina el sonido de la lluvia con el de mis parlantes,
la música complementa a las gotas y las gotas derrumban el espacio conocido.
Qué disgusto no estar afuera y qué disgusto no estar donde podría!
Qué desganas inundan mi vida, perdida en multiples auto decepciones,
constantes traiciones a mi mismo, yo y mi persona.
Qué lindo que Guayaquil huela a lluvia!
Porque se mojan todas las putitas que no supieron sonreír al pobre diablo.
Porque putean con rabia todos los pendejos que no tienen paraguas.
Qué pena no estar donde podría estar!
Me traicionó el cuerpo, se me apagó la llama con el frío que trae el agua.
Guayaquil huele a lluvia y yo me escondo bajo sábanas, dándole play a todas las recomendaciones
del youtube, porque nadie me conoce mejor, porque nadie sabe mejor qué es lo que quiero que me digan, que me escupan en los oídos.
Escribo porque me retan las voces malditas que me habitan, escribo esta mierda como queja extendida por mis constantes traiciones a mi mismo, yo y mi persona.
Guayaquil suena mejor cuando no hay nadie, cuando estoy solo, revolcándome en sus calles anchas,
cercando su ría profunda, caminando por esas calles en que roban a todos, matan a todos, menos a mi.
Qué situación ingrata es estar donde no se quiere y perderse el día donde no se puede o debe vivir!
Con estas ganas de alcohol, esta falta de presencia, y mi ausencia trascendente,
la música es consuelo del que llora por dentro y mis parlantes cantan.
Producto nacional, mamá soy demente, vírgenes violadoras, luis rueda.
Producto nacional, porque yo pensaba que estaba sólo. Sólo, já! Qué arrogante de mi parte.
Porque existe ese mundo al que no pertenezco y estoy, porque estoy donde no se sabe bien si quiero.
Porque nadie sabrá que decir o que creer cuando me calle. Pensarán que quiero respuestas.
No! las tengo todas.
Guayaquil huele a lluvia y yo me drogo con autocontemplación, admirando mi reflejo en el fondo del ojo de la foto tomada en la cumbre de mis sonrisas. Megapixeles de felicidad!
Guayaquil huele a lluvia y yo acá, hecho verga.
Qué agradable placer, señores, es pensar ser parte de algo.
Qué común es, señores, pensar que uno es parte de algo.
Pero la ciudad está sola y yo en ella, igual.

Cuando no estamos

Me extrañarás, amigo, en los días de copas y excesos
cuando al filo de la madrugada
los ebrios mal caminan sus pasos
a través de una calle de gatos negros.
 Me extrañarás, amigo, cuando falte un brazo a tu diestra
donde puedas soltar las risas y el llanto,
esas quejas del borroso pasado
y las glorias de los días desvelados.

 Recordarás entonces, como la luna contemplaba
esa amalgama etérea de alcohol e inconsciencia
la relidad dada vuelta y la cerveza chorreando por la acera.
El vómito y el olvido, las puteadas y los amigos,
la noche recién comenzando y las canciones a todo pulmón,
esas cosas que no salen bien, lo que pudo ser mejor.
Será a la vuelta, en mi prometido regreso,
cuando, borracho compañero, continue el brindis eterno,
los vasos chocando y las risas de camaradería,
los reuniones de aquellos buenos días.
Los días de copas y excesos
cuando al filo de la madrugada
los ebrios mal caminan sus pasos
a través de una calle de gatos negros.

viernes, 25 de mayo de 2012

Objetos quebradizos.

La marea de luces de autos se movía ruidosamente, varios metros bajo sus pies. El grito desesperado e impaciente del tráfico era la música común de la ciudad cuando llegaba el tiempo de volver a casa. De derecha a izquierda y viceversa, se movían, a más de 80 kilómetros por hora, los automóviles, con aquellos inquietos faros pasándo de bajos a fuertes, haciéndole señas al otro y dejándoles ver el camino, los baches, sus rostros cansados.

Podría tomarme una licencia y escribir que el día había sido duro para absolutamente todos. Que es lunes, que nadie estuvo contento, pero bien sabemos que los ánimos varían y nada es absolutamente general. Lo único que puedo afirmar es que el día si había sido pesado para él.
Despedido después de tres años de irregular actividad en su empleo "de mierda", como le gustaba llamarle.

El hecho de caminar al nivel de vuelo de ciertas aves comúnes, de esas que se paran en los cables de la luz y el teléfono, le refrescaba un poco la mente.
Podía recordar, mientras una paloma batía las alas a cinco metros de distancia y defecaba sobre el hombro de un tipo que esperaba un taxi al pie de la avenida, que en casa le esperaba alguien.
Una mirada ansiosa e inquieta como aquellos faros, de esos autos con aquellos conductores muertos de calor.

Los ojos de esa mujer, sedientos de paisajes montañosos, o de arena dorada y mar celeste. Los ojos llenos de dicha de esa chica que recorrió el mundo y ahora está clavada en un trabajo de ocho a cinco en una oficina legal, cumpliendo horas de servicio útiles para titularse como abogada.
La primera vez que la vió sonaba en su iPod The Beatles. Cada vez que escucha Come Together se excita un poco pensando en los dedos pequeños de las manos que le alcanzaron una cerveza en un bar. Recuerda el cuello largo y elegante, con una cadena fina y brillante, la infaltable perla colgando bendita entre esos senos tamaño regular. La piel blanca y pecosa, la boca pequeña, la sonrisa disimulada. La canción se volvía más lujuriosa mientras ella se sentaba en la silla de al lado.

Los lugares cambian su significado en los recuerdos dependiendo de que sensaciones te dejan en el cuerpo, pues no somos más que meros receptores del mundo circundante.
Ella entró en el radar y dejó los efectos de su piel sedosa sobre la mente del triste ebrio, obsesionado e interesante, que hablaba de películas viejas y canciones "eternas".

Luego de esas noches de vacaciones vinieron las llamadas cada dos días, el intercambio de correos electrónicos, el chat porno, los encuentros casuales a pesar de vivir en ciudades distintas.
Una tarde gris donde se olía el fin del invierno apareció ella, llorando en la puerta de su departamento desordenado. Entró, le explicó algo así como que sus padres se divorciaron. El no escuchó, su instinto le dijo que debía hacer espacio en el armario y no perdió tiempo.
Ella dijo: "Sólo a ti podía acudir.". Pensemos que, entre amigos cercanos, hoteles baratos, y la molestia de un viaje de dos horas, preferir llegar a los brazos del amante casual es una especie de halago extraño. Él no se dio por enterado, sólo la recostó en su cama y durmió en el sofá.
No, no era tiempo para el sexo. Las lágrimas no le excitaban, los condones se habían terminado.

A la mañana siguiente, la mirada curiosa de la reina de las palabras lo sorprendió al entrar al baño que estaba sin seguro. La impresión no pasó a más de un titubeo en el "buenos días". Ella, bañándose, no le producía más que familiaridad. Él, mirándo su cuerpo mientra cepillaba sus dientes, le provoca a ella gusto.
Alguna vez hablaremos de coincidencias en el pensamiento, esta vez sólo vale decir que al mismo tiempo supieron que no querrían vivir con otras personas, nunca más.

El tiempo pasa pronto dentro de casa pero se detiene tonta y cansinamente en la calle o el trabajo. La desesperanza de la rutina inundaba su cuerpo, el cansino tránsito de autos, el bus caluroso, sólo quería llegar a casa y ver si ella había cocinado algo.
"Casa" era una palabra que usaba frente a sus amigos desde que ella llegó.
Ellos lo notaban, pero él no. Deben ser alteraciones comunes del subconciente.

Tres años pasaron así, sin cambio alguno en el mundo real, hasta hoy, el día del despido.
Más cambios: una razonable suma monetaria a modo de indemnización; un local en la esquina de la cuadra a dos minutos de casa. Perfecta combinación ante los ojos de un romántico enamorado de las épocas doradas de los libreros. No hacía falta más que un permiso de importación. No hacía falta más que la aprobación de ella, la abogada.

Metidos en la cama, luego del sexo relajante, el cigarrillo encendido y el humo de inspiración, él contó su historia: sin trabajo, con un poco de dinero, un sueño.
Ella no sonrió y se quedó dormida.
Al día siguiente una carta de despedida y el espacio del armario vacio.
La carta resumía lo que ambos sabían: la situación insostenible de la diferencia de gustos y opiniones.
La mirada sedienta de paisajes exóticos desapareció por la misma puerta en la que se paró llorando meses atrás.
La mirada del iluso romántico no se atrevía a declararse triste. Acogió el frío de sus huesos, amarró unos pocos souvenirs del paso de aquella extraña, de esa visita larga e inesperada. Lo tiró todo.

Días van, días vienen y el periódico anuncia una nueva librería en la ciudad, una librería que necesita un ayudante.
El dueño acaba de publicar un libro.
El dueño sueña con miles de personas leyendo a su alrededor.
El dueño tiene la mirada no hace más que leer en el poco tiempo que le queda en el día.

El periódico lleva las noticias a todas las ciudades. Una muchacha de dedos pequeños y mirada curiosa toma un café con licor en un local famoso de una calle muy transitada y comercial de una ciudad vecina mientras planea un vuelo internacional. Reconoce al dueño de la librería en la foto del artículo, arruga la hoja, la tira.

Nada más pasa afuera, sólo la rutina, los autos y las luces como miradas ansiosas, desesperadas por llegar a casa.
Él lee. Ella viaja otra vez.
El mundo sigue su curso caótico junto a la normalidad alguna vez perdida.

Fin.